EL PROPOLEO

23 sep

El otoño es una época en la que el propóleo, (también llamado própolis), cobra protagonismo debido a sus interesantes cualidades como producto natural para tratar, entre otras, todo tipo de afecciones respiratorias y para preparar nuestro sistema inmunitario de cara al invierno.

¿Qué es el propóleo? Es una sustancia que obtienen las abejas de las yemas de los árboles y que luego procesan en la colmena, convirtiéndola en un potente antibiótico con el que cubren las paredes de la colmena, con el fin de combatir las bacterias, virus y hongos que puedan afectarla.

¿De qué está compuesto? El propóleo tiene materias colorantes, los flavonoides, que son las más activas en la función antiséptica. Además de esta sustancia, contiene resinas y bálsamos (un 50%), cera de abeja (un 30%), aceites esenciales (un 10%), polen y diversos materiales minerales: plata, bario, boro, cromo, cobalto, estaño, hierro y muchos otros. También contiene provitamina A y vitaminas del grupo B, especialmente B3. Su color y aspecto puede variar en función de las especies vegetales de las que se sirvan las abejas para su fabricación.

¿Para qué se utiliza? Entre las propiedades medicinales que se le reconocen a este producto están:

  • Antibióticas (bactericida y fungicida).
  • Antivirales.
  • Antitumorales.
  • Cicatrizantes.
  • Antiinflamatorias.
  • Analgésicas.
  • Antialérgicas.
  • Epitelizantes.
  • Anestésicas.
  • Inmunoestimulantes.

¿Desde cuándo se usa? Se conoce que los egipcios utilizaban el propóleos como parte de los ingredientes para conservar las vísceras de los faraones.

¿En qué formato se presenta? Hoy en día en cualquier herbolario se puede encontrar propóleo en infinidad de formatos; extractos alcohólicos o glicerinados, formando parte de jarabes, en comprimidos para tragar directamente o chupables, en spray para garganta o para lavados nasales, mezclado con jaleas, formando parte de cosméticos, etc, etc.

¿Quién lo puede tomar? En principio cualquier persona que no presente alergias o intolerancias a ninguno de sus componentes. Las dosis, y formato en que lo consumamos dependerá de las características del individuo y de su patología concreta, por lo que lo mejor es dejarse aconsejar por un profesional y seguir siempre las indicaciones del fabricante. En los herbolarios se puede encontrar esta información.

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